Contactar al detective es fácil. Contratarlo es otra cosa. Es más fácil, pero exige requisitos mínimos.

El primero es asegurarse que el investigador está autorizado por la autoridad.

En España los detectives privados están regulados, desde 1992 y 1994,  por Ley y Reglamento de Seguridad Privada. El Ministerio del Interior les otorga la denominada TIP (Tarjeta de identidad Profesional) a los detectives españoles. En esa credencial oficial figura el número de licencia y la identidad del titular.

A los investigadores les contactan por Internet potenciales clientes mediante correo electrónico. Ese formato desinhibe de miedos, perjuicios. Muchos acuden al teléfono para los primeros contactos con el detective y asegurarse de la viabilidad del posible encargo. Sobre todo la llamada o correo suele pedir precio, forma de pago y efectividad del servicio interesado por el comunicante.

Otras veces el posible cliente quiere verle la cara al profesional de la investigación privada. En ocasiones pone hasta el lugar de la cita para garantizar la discreción de la cita.

Como autocrítica gremial escribiremos que el marketing telefónico o vía Internet del detective abusa de palabrería, garantías imposibles o temerarias de resolver conflictos, desvelar verdades o ganar pleitos. También conviene añadir que el cliente dice raramente la verdad para casos privados, familiares o laborales.

En casos más flagrantes intenta que el detective sea a priori arma malvada para fines inconfesables.

Es muy importante aclarar por escrito en que términos de contrata al detective de forma equilibrada dejando claro que estamos ante un pacto de arrendamiento de servicios en la que quien los requiere sólo alberga expectativas de medios,  no de resultados. Ese matiz evita malentendidos a las partes que convienen usar los servicios del detective.

El detective debe siempre de localizar su despacho. 

Lo conveniente y deseable es que la agencia sede del investigador privado sea testigo de la firma del contrato.

Se advierte que hay un fenómeno llamado del ‘detective virtual’ que mezcla el futuro de vanguardias con la más rancia picaresca hispana. En Internet proliferan agencias sin sede, con señas ficticias o inexistentes. Es más, hay ‘profesionales expertos’ con y sin licencia de detective que excusan no citarse en el despacho alegando interminables obras, citas con clientes imaginarios o huecos en agendas ocupadísimas de quienes pescan clientes en hoteles, cafeterías con el único contacto de un móvil de tarjeta o correo virtual que jamás responden al cliente cuando ha pagado al ‘detective virtual’.

El timador usa toda clase de argucias para defraudar al bienintencionado cliente que le pagó un adelanto en efectivo. Pagar con cheque o tarjeta de crédito es un riesgo para el detective que vive de engañar pues deja huella ante posible denuncia de las víctimas de un fraude que va a más.

Las normas exigen lugar físico donde el detective atenderá sus clientes, inspecciones oficiales y notificaciones para citas judiciales. La crisis hace que los ‘detectives virtuales’ sean competidores desleales de sus colegas al día con el fisco. Los primeros no pagan local, impuestos, luz, comunidad… apenas publicidad en varios soportes donde ‘pescan’ clientes que jamás repetirán.

Estos ‘detectives virtuales’ son los embajadores de este noble oficio ante sus víctimas. Su práctica es, además de cuestionable, agravante para los que llevamos la tarea de investigar privadamente con orgullo y vocación de ayuda a quien precisa del detective.

Recomendamos, pues, al lector que por favor cuando se cite con un detective debe asegurarse que tenga licencia y despacho donde atender a sus clientes. Después cada cual opera los casos como mejor sabe.

Sólo resta alertar al cliente del detective que no de con lo peor del gremio. No está obligado a investigar al profesional a priori, pero éstas líneas intentan poner verdades sobre sombras de uno ‘virtuales’ que mejor se dediquen a otros menesteres.